Notas de la semana

Docencia e investigación: reflexiones de fin de curso

Luis Porter
La universidad actual va resultando cada vez menos compatible con los cambios que ocurren en su contexto inmediato. No hablamos solamente del cambio tecnológico, que desde hace ya bastantes años representa un desafío y una oportunidad que obliga a repensar la universidad. Nos referimos con mayor vehemencia a la evolución cultural de sus actores principales, tanto estudiantes como docentes, y de estos últimos aquellos que sin importar su edad, se han mantenido activos, informados  y atentos de lo que ocurre a su alrededor. A esas personas que se ubican en la vanguardia, es decir, participando de lo que ocurre, por encima de las múltiples barreras que oponen los viejos letargos. Porque así como hay fuerzas que van construyendo el futuro, hay otras que tratan de mantenerse estáticas, cómodas en sus ritmos de bajo rendimiento, muchos de cuyos integrantes son lamentablemente los que nos gobiernan. Cada vez resulta mas claro el contraste entre lo que ocurre en los macro-centros desde donde emanan los grandes cambios, (me refiero a un centro hegemónico como es Nueva York, por ejemplo), y los micro-centros radiales dentro de los que se formulan las laberínticas políticas resistentes al cambio, me refiero a una rectoría, por ejemplo. No encuentro conexión entre ambos. Nuestros tomadores de decisiones no son intelectuales, es decir, ni leen, ni estudian, porque están demasiado ocupados en la negociación cotidiana, y por lo tanto sustituyen el uso de su imaginación, por la severidad de la gestión administrativa, ejerciendo un uso del poder sin creatividad, sin mayor aportación ni buenas ideas. La institución sigue el rumbo de la consigna externa, temas obvios por su importancia, puede ser la sustentabilidad, puede ser el problema de la violencia, pero todo es visto como algo abstracto, la repetición de corrientes en boga, sin que la situación y la capacidad local se haga notar con algo tan propio como nuevo. ¿Qué nos queda a los que trabajamos en una institución que no tiene proyecto claro, ni rumbo fijo, donde no hay ideas originales, adecuadas a la situación particular que se vive, proyectos renovadores, actitudes visionarias?… En este artículo trataré de delinear una respuesta personal a esta pregunta, que ilustraré con mi una experiencia reciente, aun arriesgando verme demasiado centrado en mi mismo. Pero… ¿qué otra posibilidad me queda?… después de todo, mi público es muy restringido, prácticamente me leen mis amigos, a tal punto que ya ni comentan lo que digo, quizás evitando repetir otras conversaciones imaginarias. Comenzaré por una primer conclusión (posiblemente la mejor manera de empezar): si esperamos que la universidad cambie a partir de sus políticas y de sus mandatos, de sus mecanismos burocráticos y sus juntas de consejo, de sus decisiones negociadas y sus consignas enviadas desde organismos externos, seguiremos perdidos. El aparato administrativo de la universidad está en manos de los que llegaron allí por razones diferentes a sus funciones sustantivas: la investigación, el compromiso docente, el servicio a la comunidad. De allí que tantos núcleos académicos, reunidos en sus cofradías de conveniencia, o en sus amistades legítimas, cuando llegan al efímero poder que tanto anhelan, no tengan nada revolucionario que ofrecer. 

El ombligo

Manuel Gil Antón
Hace años aprendí que, en Tzeltal, la traducción literal —en “castilla”— de las preguntas: ¿dónde naciste? o ¿de dónde eres? es magistral: ¿dónde quedó enterrado tu ombligo? La palabra, el modo de hablar nos descubre si sabemos oír. Y la forma de preguntar a otro nos ubica: nadie ha enterrado su propio ombligo. Han sido otros, nuestros padres o alguien cercano. Quedó en cierto lugar, en un sitio en que la casualidad nos hizo venir a la vida. No fue elección. A veces seguimos cerca de donde está, otras no. Bien visto, nunca nos quedamos ahí: todos migramos, ya sea a otros parajes cuando nos llevan, nos vamos o expulsan, o porque al ir creciendo, así, en gerundio, vamos cambiando. Todos mudamos, cerca o lejos de donde está enterrado nuestro ombligo: somos migrantes.  Nos encontramos con otros muchas veces a lo largo de la vida. Otros con otros dioses o ninguno, con distintos modos de comer y vestir, que ensayan diferentes formas de quererse para darle sentido a este asunto de estar vivos. Al hacernos amigos de ellos, migramos a sus miradas, nos sentamos en sus mesas y comemos lo que les gusta. Aprendemos al movernos, somos aprendices de los que se mueven y se acercan a donde hemos llegado.  Donde quedó enterrado nuestro ombligo es circunstancial. Hay quienes dicen: soy de Narvarte, o los que arman que de Sevilla son, o de Laos y muchos lares. Y tienen por esos lugares de la infancia, que no coinciden muchas veces con el sitio de nacencia, el cariño de reconocer esquinas, amigos viejos, sabores y el olor de cosas que nunca se va. Lo que no es casualidad, aunque a veces sea un sin remedio, es a donde vamos: buscando mejores ocasiones de reposo o trabajo, procurando huir de lugares que nos constriñen y aplastan, siguiendo el bies de una falda o el zurcido que da forma a la valenciana de un pantalón. Migrando va en gerundio, como este texto; vivir es así: siempre en ando y “yendo”. Es proyecto muy reciente, enorme hallazgo, un horizonte humano que en la diferencia y lo distinto encuentra la razón de ser, todos, personas. Que el otro, extraño, cuando se despida de mí me extrañe. Que cuando la otra, tan diversa, se aleje, nos deje un hueco su ausencia y la añoremos.


Teresa del Conde, un talento para la historia

Mario Raúl García
El pasado jueves 16 de febrero falleció Teresa del Conde, investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, ex directora del Museo de Arte Moderno y crítica de arte. Compartimos este texto de Mario Raúl García, que nos permite conocer un poco de esta destacada académica y promotora del arte pictórico en nuestro país. 

Teresa del Conde, un talento para la historia
Mario Raúl García

Cuando conocí de vista a la doctora del Conde fue con motivo de la exhibición temporal La magna Grecia, instalada en la sala de exposiciones internacionales del Museo Nacional de Antropología e Historia; aproximadamente, en 2000. Se trataba de un ciclo de charlas sobre el arte helénico asentado en el sur de Italia y Sicilia, impartidas en el auditorio de la institución, con gran lucimiento de la disertadora. Doña Teresa apareció muy puntual de entre bastidores y sola en el proscenio. Debido a esta razón, los asistentes tuvimos el tiempo suficiente para observar su porte elegante; tanto así, que a distancia y desde mi asiento, me pareció ser una dama muy alta, poseedora de una locución vivaz ante el público y, llamativamente, de un timbre de voz bajo. En suma, su talante resuelto y a la vez sereno, me sedujo. Lejos estaba yo de suponer que esta personalidad del ambiente cultural nuestro habría de ser mi profesora un año más tarde en el postgrado de historia del arte de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, durante trece semestres ininterrumpidos y a raíz de su regreso a la docencia, una vez concluida su gestión al frente de un organismo cultural. Esta condición me ha permitido entablar un contacto académico y amistoso de lo más feliz, pese al trabajo intelectual que representa el desarrollo de los objetivos humanistas que ella se fija alcanzar en cada seminario. Así, el acto de reunirnos con doña Teresa los miércoles, de las dieciocho a las veinte horas en el salón 04 del ala de postgrado del colegio de historia, se ha vuelto ya -para algunos de nosotros- una costumbre atávica. Por principio de cuentas, los estudiantes seleccionamos las materias por cursar de acuerdo con el proyecto de tesis de cada quien y, hasta cierto punto, según el nombre de los titulares de las mismas. En lo relativo al arte contemporáneo, el prestigio de la doctora Del Conde causa un entusiasmo seguido, interés que de alguna manera baja conforme el semestre avanza y la tenacidad de muchos decrece, al encontrarse delante de una profesora exigente y adolecer, al mismo tiempo, de un bagaje cultural óptimo. Empero, cualquier esfuerzo es ampliamente gratificado, ya que su conducción se funda en una experiencia boyante de investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, de sus ministerios culturales realizados en la Dirección de Artes Plásticas y en el Museo de Arte Moderno del INBA, y de sus intervenciones múltiples como periodista. Erudición que todavía comparte con algunos de nosotros en proyectos editoriales como Voces de artistas (2005), y uno más en gestación.

El expediente SNI como parte de una necesaria cultura archivstica

Luis Porter

Fuente: fotografas de Luis Porter

La vida acadmica contempornea, se ha visto estremecida por lo que po-dramos llamar la cultura de la evaluacin. Se han multiplicado las instan-cias que ejercen su particular presin para que convirtamos nuestro trabajo acadmico, en formas posibles de ser evaluadas. Lo que en este artculo abordaremos surge de este necesario o inevitable sometimiento al que estamos obligados para poder avanzar en nuestras carreras. La reciente elaboracin de mi propio expediente a ser considerado este ao por el SNI, me dej una experiencia junto a una serie de reflexiones, alguna de las cuales quiero compartir con los lectores de Laisum, muchos de los cuales no estarn exentos de pasar por situaciones semejantes. El mundo es complejo, los campos del conocimiento tambin lo son, pero a la postre, los que se presentan como acadmicos investigadores, intelectuales o cientficos, habrn sido ubicados en uno de los tres niveles al que el SNI termina destinndonos. Es cierto, no es la nica instancia evaluadora, los artistas, por dar un ejemplo  tendrn que hacer lo mismo en su respectivo sistema. Pero los artistas son unos bohemios, y nosotros, los profesores, en cambio, somos seres racionales, aunque algunos nos ubiquemos en las ciencias blandas o lindemos con la poesa.  En definitiva, la resolucin que haga el SNI de la valoracin del trabajo que presentemos, definir el estatus de cada aspirante: su ingreso, permanencia, escalada, mismo que tendr un efecto definitivo sobre la forma en que este acadmico o acadmica es visto por sus colegas, por sus coetneos, por sus alumnos, su crculo social, lectores, y lo que es peor, o mejor, por l o ella misma. 

¿Qué nos depara el 2017?

Angélica Buendía Espinosa
¿Qué nos depara el 2017? 

Angélica Buendía Espinosa

En medio de un contexto internacional adverso, signado por las constantes amenazas del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trumpo; de un deterioro de la política nacional que enarbola la corrupción sin castigo de gobernadores como Duarte y otros tantos políticos; del alza considerable en el precio de la gasolina; y, de la depreciación del peso frente al dólar, arribó para los mexicanos el año 2017. En un ambiente sombrío regresamos a trabajar el 2 de enero a la UAM. Habíamos pocos, pero ya algunos empezábamos a reanudar nuestras labores. Por los pasillos de la universidad nos saludamos los colegas con un abrazo para desearnos un buen año 2017, sin dejar de advertir que esos eran nuestros mejores deseos, pero la realidad no pintaba nada bien. Ya lo intuíamos desde el año pasado, me comentó un colega, “las cosas se van a poner feas”. Esta realidad que se presenta tan compleja para los mexicanos, involucra  por supuesto, a la educación del país. A cuatro años de la aprobación de la reforma educativa, el 2016 se caracterizó por una clara manifestación en contra de la misma, organizada por la Coordinadora Nacional  de Trabajadores del Estado, principalmente en los Estados de Michoacán, Oaxaca, Guerrero y Chiapas, apoyada por diversos sectores de la sociedad y criticada por otros. No haremos aquí un recuento de la misma, sin embargo, uno de los hechos más dolorosos para la sociedad mexicana fue el trágico intento de desalojo de un bloqueo carretero en Nochixtlán, Oaxaca, que culminó con la muerte de seis personas y un alto número de lesionados (manifestantes, civiles y fuerzas públicas), lo cual evidenció la incapacidad de las autoridades para resolver un conflicto mediante el diálogo, acudiendo, como en el caso de Ayotzinapa, al uso y abuso de la fuerza pública.



Entrevista al Mtro. Vicente López Portillo. Director General del Consejo para la Acreditación de la Educación Superior, A.C. (COPAES)

Ana Beatriz Pérez Díaz
Entrevista al Mtro. Vicente López Portillo
Director General del Consejo para la Acreditación de la Educación Superior, A.C. (COPAES)

El debate sobre la calidad de la educación superior en nuestro país sigue presente; en el marco de esta discusión el equipo LAISUM entrevistó al Mtro. Vicente López Portillo, Director General del Consejo para la Acreditación de la Educación Superior, A.C. (COPAES)  con el objeto de conocer sus apreciaciones sobre el funcionamiento actual del modelo de evaluación de la calidad y, particularmente, el de acreditación. A continuación compartimos con nuestros lectores una reseña de la misma. 

Calidad, acreditación y contribución del COPAES
La apertura de la entrevista giró en torno al concepto de calidad en la educación superior; para el Mtro. Vicente López ésta se define por diversos atributos: pertinencia, idoneidad, capacidad de autoformación, formación de capacidades profesionales y formación de ciudadanía lo que significa que una educación de calidad en la educación superior es aquella en la que los alumnos son “capaces de integrarse profesionalmente al mercado de trabajo pero a la vez son solidarios y participan en esfuerzos de mejoramiento social”. Señala que en el actual modelo de evaluación de la calidad no se valoran todos los atributos anteriormente mencionados; desde su punto de vista se requiere tener una mirada para conocer cómo se integra el estudiante egresado al mercado de trabajo. Respecto a esto manifestó: “nosotros estamos haciendo una propuesta de que haya obligación del programa, y si quiere acreditar deberá tener un mínimo de encuestas para ese indicador, ése es uno, yo creo que de manera indirecta ese sí es un análisis de resultados… mi visión es que el estudiar en una universidad debe  ayudar a conseguir trabajo”.  Para López Portillo la complejidad para abordar y comprender la calidad en las universidades ha permeado en el desarrollo de estrategias conjuntas para alcanzarla, en este sentido cada institución ha establecido formas únicas y diferenciadas para acercarse a tal objetivo y, refiere: “esa diferenciación en las estrategias es algo que el sistema de acreditación no ha podido abordar”.  Considera que el COPAES ha jugado un rol significativo en el desarrollo de la política de calidad en el país; la principal contribución radica en los avances en la cultura de la evaluación ya que se han logrado establecer categorías y estándares donde las universidades se ven obligadas a “no solamente a aceptar la cultura de la calidad, sino a tener un determinado comportamiento que ha ayudado a tener un sistema cualitativamente distinto al que existía hace 15 o 25 años”. No obstante a lo anterior, reconoce que es necesario realizar cambios en los esquemas actuales de acreditación; al respecto indicó: “ha sido demasiado uniforme porque mantenemos prácticamente el mismo marco de referencia en el cual los organismos acreditadores tienen que armonizar nuestros elementos de marco de referencia con el suyo… si con algo me quedo yo en estos quince años es que ha habido un avance, es muy buen modelo que sean organismos autónomos los que se encargan de la acreditación pero creo que hemos sostenido por demasiado tiempo el mismo esquema de acreditación durante este tiempo, nosotros estamos haciendo un esfuerzo por cambiarlo a partir de lo construido, no vamos a revolucionarlo, sino que lo estamos readecuando según nuestra percepción de lo que necesita el sistema universitario".




Novedades Editoriales

Prioridad a la enseanza de las ciencias: una decisin poltica, Juan Carlos Tedesco