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Notas de la semana

Universidades estatales

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La universidad del aprendizaje: Cuando la masificación es desmasificación

Daniel Cazés Menache


Para generar una continuidad respecto al último artículo publicado hace un mes, he seleccionado ahora un fragmento de un trabajo más extenso, donde Daniel Cazés, abordó, con su lucidez y perspectiva crítica, el papel profundamente formativo, no sólo profesionalizante, de las universidades públicas en México. Pasar un tiempo en la universidad, aunque no se adquiera necesariamente un título o “pergamino” es una actividad que posibilita abrirnos a otras formas de pensar y ver el mundo. Bien sabemos que lo que se vive en la universidad es mucho más que lo que acontece en salones y reuniones académicas. Las múltiples situaciones que se presentan son en sí mismas motivo de aprendizaje.  Y viene a colación porque cada día me alegro de observar los encuentros diversos y diversificantes que se dan bajo en el jardín de la Torre II de Humanidades de la UNAM, llamado algunas veces el jardín de las delicias! 

María Haydeé García Bravo

Sin duda alguna casi todos los jóvenes que entran a la universidad, llegan en pos de lo que les ofrecen de manera oficial las instituciones. Unos y otras son capaces de pasarse décadas enteras como si ignoraran que además o en lugar de los planes originales se cumplen otros, muy diferentes de los enunciados en folletos y formularios, o de los imaginados por esperanzas de progenitores y creencias ancestrales.   De todos los jóvenes que en México inician estudios universitarios, no más del 40% los concluye –en plazos mayores que los mínimos estipulados.  Importan estos datos para tener una idea del número de jóvenes que, aún sin titularse, participan durante períodos más o menos prolongados de los procesos culturales (formalizados o no) que se dan en los campus de la UNAM.

Los zarzales y las flores Carta póstuma de Eduardo Ibarra Colado

Eduardo Ibarra Colado
En enero pasado me vi sorprendido, como suele decir Edgar Morin, hoy a sus muy bien vividos 91 años, por el alea, el evento, el accidente, lo inesperado. Todo comenzó, con intensos dolores en la cadera y la cintura que se fueron convirtiendo en acompañantes crónicos, echando por tierra las explicaciones que siempre favorecemos sobre las posibles "razones" que permiten en principio comprender lo que no estaba previsto. Así se fue enero y nada. Las cosas no sólo no mejoraron sino que condujeron a una situación insostenible en la que el dolor hacía cada vez más difícil mi diario vivir: clara disminución del movimiento, dolores por aquí, por allá y por acullá, un acercamiento cada vez más permanente a la cama y un panorama incierto que impedía comprender al momento la ruta de este periplo para reanudar importantes proyectos en curso que debieron ser lastimosamente suspendidos.

Las pupilas de la Universidad. El principio de razón y la idea de la Universidad

Jacques Derrida


Jacques Derrida

¿Cómo no hablar, hoy, de la Universidad? Le doy una forma negativa a mi pregunta: ¿cómo no...? Por dos razones. Por una parte, como todo el mundo sabe, resulta más imposible que nunca disociar el trabajo que realizamos, en una o en varias disciplinas, de una reflexión acerca de las condiciones político-institucionales de dicho trabajo. Esta reflexión es inevitable; no es ya un complemento externo de la enseñanza y de la investigación, sino que ha de atravesar, incluso afectar a los objetos mismos, a las normas, a los procedimientos, a los objetivos. No se puede no hablar de ella. Pero, por otra parte, mi «cómo no...» anuncia el carácter negativo, digamos mejor preventivo, de las reflexiones preliminares que desearía exponerles aquí. Debería contentarme, en efecto, a fin de iniciar las discusiones venideras, con decir cómo no habría que hablar de la Universidad; y para ello cuáles son los riesgos típicos que hay que evitar, los unos por su forma de vacío abisal, los otros por la del límite proteccionista. ¿Existe hoy en día, en lo que respecta a la Universidad, lo que se llama una «razón de ser»? A sabiendas confío mi pregunta a una locución cuyo idioma es, sin duda, más bien francés. En dos o tres palabras, nombra todo aquello de lo que hablaré: la razón y el ser, por supuesto, la esencia de la Universidad en Su relación con la razón y con el ser, pero también la causa, la finalidad, la necesidad, las justificaciones, el sentido, la misión, en una palabra, la destinación de la Universidad. Tener una «razón de ser» es tener una justificación para existir, tener un sentido, una finalidad, una destinación. Es asimismo tener una causa, dejarse explicar, según el «principio de razón», por una razón que es también una causa (ground, Grund), es decir también un fundamento y una fundación.

El gol al fin

Luis Porter


En este artículo, escrito mientras ocurría (ocurre) el mundial de fútbol, haré una comparación entre la cancha y el aula, entre el entrenador y el maestro y entre el equipo y los estudiantes. Para hacerlo, con fines didácticos, utilizaré como eje la comunicación. Los autores en quienes me apoyo, se mencionan a lo largo del texto, sin llegar a constituir una bibliografía, son referentes fáciles de encontrar en Google por cualquiera que se preocupe por las fuentes. El artículo no es científico, afortunadamente, simplemente pretende ser útil para los estudiosos de la planeación educativa. Vamos a partir de lo que ocurre en términos de comunicación en la cancha. ¿Qué realmente implica ese “levantó la cabeza” que rebasa la conducta que los entrenadores intentan inculcar en los jugadores? ¿No pasa algo parecido cuando los estudiantes “levantan la cabeza” en el salón de clase, frente al docente y rodeados por sus compañeros?  Un aspecto al que parece oportuno referirnos con el fútbol encima, es el que habla de la construcción de un espíritu colectivo, de un alma flotante, de aquello que conecta en otra(s) dimension(es) a los jugadores de un encuentro. Es algo constantemente referido por relatores y analistas, pero poco explicado y entonces, necesario de análisis, útil si se aplica a otros ámbitos, como el del espacio universitario.  Como reiteradamente vemos en los encuentros futbolísticos, es común que los goles ocurran precisamente en el último segundo del último momento, en el tiempo complementario. Es algo que sucede muy frecuentemente y el público, o sea, nosotros, lo aceptamos como si se tratara de una estadística lógica y hasta natural, cuando en realidad ese gol, que surge después de múltiples intentos fallidos, y por fin se da en el instante en que nos habíamos resignado a perder o resueltos a ganar, no fuera resultado de un proceso cuyo misterio merece mayor reflexión. Partamos de la hipótesis de que “el gol al fin” es resultado de un proceso invisible de entrenamiento y comunicación, que al igual que otros momentos cúspides que vive el ser humano, forman parte de un proceso que bien llevado, es inexorable.  

¿Hacia un nuevo esquema de evaluación y acreditación para la educación superior mexicana?

Angélica Buendía Espinosa


La comunidad científica ha visto con agrado la reciente aprobación del Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación. Todo hace suponer que el actual gobierno ha tomado muy en serio la idea de apostarle al desarrollo científico y tecnológico para que éste opere como palanca de desarrollo y logren concretarse los escenarios que el programa ha propuesto para los próximos 25 años. Jaime Urrutia, presidente de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), y Gabriela Dutrénit, coordinadora general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCT), coincidieron en que sólo con el compromiso de los actores involucrados, Estado, instituciones de educación superior e iniciativa privada, entre los más relevantes; será posible avanzar en las metas presentadas. Este hecho que podría constituirse en un verdadero logro para el desarrollo científico y tecnológico de nuestro país, evidencia nuevamente que el Sistema de Educación Superior en México se ha consolidado como un sistema dual en el que operan políticas diferenciadas que no han alcanzado su adecuada articulación. Por una parte, se encuentra el sector de la educación superior universitaria y tecnológica, que responde a las políticas delineadas por la Subsecretaría de Educación Superior, dependencia de la Secretaría de Educación Pública. Por la otra, se aprecia el sector del posgrado y la investigación científico-tecnológica y la innovación cuyas políticas son delineadas y operadas por el CONACYT. Así, mientras las políticas para la ciencia, la tecnología y la innovación, dan muestras de avance, Enrique Fernández Fassnacht, secretario ejecutivo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior se ha referido a la evaluación de la educación superior como un mecanismo insuficiente y ha señalado que “el esquema vigente no cuenta con un sistema de información que abarque a todo el sistema educativo, tiene un perfil burocrático, acredita o certifica la existencia de condiciones mínimas para la operación, lo cual no garantiza que el ejercicio de las funciones sustantivas sea de calidad, y se ha visto como un medio para obtener recursos económicos y no como un estímulo para mejorar”.

De qué hablamos cuando hablamos de internacionalización

Sandra Pacheco Páez


La internacionalización de la educación superior es un tema relevante, tanto por sus implicaciones conceptuales y teóricas, como por aquellas de orden pragmático que se observan a nivel del diseño e implementación de políticas públicas. La relevancia que ha adquirido la internacionalización en el contexto de las transformaciones que ha vivido la educación superior, se evidencia en parte, en el diseño e implementación de las políticas educativas que impulsan los gobiernos y que se reflejan en los procesos de planeación de las instituciones de educación superior. No es extraño entonces encontrar en los discursos de políticos y funcionarios universitarios expresiones lo más parecido a “la universidad se internacionaliza o la universidad responde a la globalización y a la sociedad del conocimiento a través de la internacionalización”, entre otras muchas frases elocuentes, pero no pocas veces, carentes de sentido. De la misma manera en que existen diferentes conceptos y confusión alrededor del significado de la internacionalización, también existen algunos mitos o concepciones equivocadas acerca de qué y cuáles son actividades de internacionalización de la educación superior. Por mencionar algunas, se cree que una universidad es más internacional o está más internacionalizada si tiene más estudiantes extranjeros en su campus, si tiene más convenios internacionales o si imparte clases en inglés. También se asume que el tener más acreditaciones significa mayor calidad o que la internacionalización se da naturalmente en las IES.

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