Notas de la semana

El discurso del rector

Luis Porter



Una de mis líneas de curiosidad complementarias a la investigación educativa, a la que me dedico todos los días, ha sido la de coleccionar discursos de rectores, mismos que completo, cuando tengo la oportunidad de conocer sus oficinas, observando, y de ser posible documentando, todo lo que concierne al diseño y arquitectura de las mismas (no en vano soy arquitecto). Lo que he encontrado es que los discursos, en términos generales, tienden a ser informes, mas que discursos. Predomina lo pragmático, lo hecho o por hacer, que el sentido e intenciones buscadas. Al mismo tiempo he constatado que la ubicación, tamaño, disposición, diseño y mobiliario de la oficina que los alberga y representa, está más relacionado con cuestiones de estatus que con un sitio de trabajo para el gobierno. De hecho, lejos están de parecerse al puente de un capitán o al despacho de un intelectual, mas bien, como decía Matus, la parafernalia existente expresa que “no saben que no saben”. La metamorfosis que sufre el académico dedicado a la política que por fin asume un papel de autoridad, sin que importe la jerarquía, debe o debería ser un tema importante tema de estudio en el campo del psicoanálisis. Muchos universitarios, incluso investigadores, científicos o promesas intelectuales, asumida la posición de tomadores de decisiones, parecieran desconectarse de su curriculum vitae, hacer a un lado los libros de su campo de estudios, para convertirse en el extremo defensor del estatus quo, que después de todo, para y por eso ha trabajado y ha sido elegido. Es común que sean escogidos aquellos candidatos que destacan por su neutralidad, carácter negociador, respeto a lo establecido e incapacidad de hacer olas. El famoso espíritu crítico que solíamos promover en los jóvenes estudiantes, se ha ido convirtiendo en el entrenamiento en competencias, que lo haga funcional al sistema. Sin embargo, no siempre ocurre lo que brevemente intenté resumir en esta introducción. No todos los rectores se suben al podio, nos dignan con su presencia, dicen sus previsibles palabras (generalmente ilustradas con alguna abstracción estadística), dan solemnemente por iniciado el acto, y en el corto intervalo previo a la conferencia del primer invitado, se van. Hay algunos que, sorprendentemente, no lo hacen, Cuando eso ocurre, para un coleccionista de discursos, resulta una gema rara, que vale la pena mencionar y de ser posible también analizar, si consideramos que la salvación de la universidad no depende de las generaciones futuras, sino de esos individuos, que el día de hoy traspasaron el camino político, sin perder sus virtudes y capacidades académicas.

Kepler y la reforma educativa

Manuel Gil Antón

Una lección muy importante de la obra del astrónomo Johannes Kepler (1571–1630), además del aporte enorme de las leyes sobre el movimiento de los planetas, fue la batalla que tuvo que dar, consigo y sus contemporáneos, para romper un prejuicio derivado de los designios de Dios: el círculo era la forma perfecta a la que deberían ajustarse los móviles y, por supuesto, las órbitas planetarias. Era decreto indudable. Colaboró con Tycho Brahe, quien durante años registró con todo cuidado, los giros de los planetas. Al morir, legó a Kepler todos los folios en que constaban sus observaciones y, con base en ellas, más la noción circular a la que deberían ceñirse los desplazamientos perfectos, continuó el arduo trabajo. Dicen los que saben que al fijarse especialmente en los andares de Marte, y en extraños movimientos de Mercurio, el esfuerzo de Johannes por ajustar las órbitas a circunferencias no funcionaba. Había algún error. Si el juicio previo de la eminencia del círculo era incuestionable, ni hablar: a revisar notas, observar otra vez para ubicar bien los traslados. El traspié, pensaba, estaba en los registros, no en la expectativa del único acomodo posible: redondo. Porfiar se le daba, pero llegó el momento inevitable de la ruptura. En lugar de insistir en que todo “cuadrara” en el círculo, halló otra forma geométrica: la elipse. Entonces lo observado se organizó: los datos demolieron el prejuicio. Se pasó de la noción del Sol como centro, y la traslación de acuerdo a una circunferencia, a la de las órbitas elípticas que ahora sabemos y aceptamos. Sin el abandono del dogma circular, el avance en el conocimiento hubiera sido imposible. De manera análoga, en la cuestión educativa es dominante hoy un gran prejuicio: el círculo. En él hay un centro ocupado por las y los profesores. Por ello, lo “central” en el diagnóstico, y en el remedio de todos los males, reside ahí. Desde ese punto, se conforma el área de la enseñanza, y como los actores centrales, por definición geométrica, son los responsables del asunto, en ellos se concentra la raíz del mal: no son idóneos todos, y se enrumban acciones de gran calado: por ejemplo, evaluar para separar a los aptos de los ineptos; que los idóneos orienten a los inadecuados y cambien. Si no es a la una, o a la segunda, a la tercera es la vencida: te quedas o adiós. 

Margarita Fernández Ruvalcaba, profesora distinguida de la UAM

Angélica Buendía Espinosa


Quienes colaboramos en el LAISUM felicitamos a la Dra. Martha Margarita Fernández Ruvalcaba, colaboradora de nuestro espacio, por su merecido reconocimiento como profesora distinguida de la Universidad Autónoma Metrpolita, Unidad Xochimilco. Por ello compartimos el documento que sustentó dicho reconocimiento con el fin de difundir, aunque sea brevemente, su destacada trayectoria.

Octubre del 2014 
Mtro. Jorge Alsina Valdés y Capote
Presidente del Consejo Divisional
Director de la División de Ciencias Sociales y Humanidades

Con fundamento en los artículos 247 y 248 del Reglamento de Ingreso, Promoción y Permanencia del Personal Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana, los profesores abajo firmantes nos permitimos presentar ante este órgano colegiado la candidatura de la Dra. Martha Margarita Fernández Ruvalcaba como Profesora Distinguida de nuestra institución. Nuestra solicitud se basa en  el  esfuerzo que de manera ininterrumpida ha desplegado  en sus 39 años de labor en la UAM, para expresar lo que  en una universidad pública significa ser profesor-investigador y no profesor e investigador; así como el impacto de tal esfuerzo en cuanto al reconocimiento de la Administración como una disciplina de intención científica. Este esfuerzo se manifiesta en su búsqueda permanente por desempeñar de manera articulada las funciones de docencia,  investigación, difusión y  vinculación, en torno a problemas socialmente relevantes relacionados con la administración de las organizaciones y con la identidad de la Administración en tanto disciplina académica.  La  Dra. Fernández Ruvalcaba recibió nombramiento como Profesor Titular de Carrera Tiempo Completo Nivel “C” desde hace más de 20 años. Cuenta con el reconocimiento PROMEP a partir del  2004 y ha sido investigadora Nivel I en el SNI de 2006 al 2012. Su trayectoria académica se puede calificar de amplia y  sui-generis al  reconocer y enfrentar  el contexto en el que se ha cultivado la actividad académica relacionada con la  Administración en nuestro país. 

El expediente SNI como parte de una necesaria cultura archivística

Luis Porter

Fuente: fotografías de Luis Porter

La vida académica contemporánea, se ha visto estremecida por lo que po-dríamos llamar la “cultura de la evaluación”. Se han multiplicado las instan-cias que ejercen su particular presión para que convirtamos nuestro trabajo académico, en formas posibles de ser evaluadas. Lo que en este artículo abordaremos surge de este necesario o inevitable sometimiento al que estamos obligados para poder avanzar en nuestras carreras. La reciente elaboración de mi propio expediente a ser considerado este año por el SNI, me dejó una experiencia junto a una serie de reflexiones, alguna de las cuales quiero compartir con los lectores de Laisum, muchos de los cuales no estarán exentos de pasar por situaciones semejantes. El mundo es complejo, los campos del conocimiento también lo son, pero a la postre, los que se presentan como académicos investigadores, intelectuales o científicos, habrán sido ubicados en uno de los tres niveles al que el SNI termina destinándonos. Es cierto, no es la única instancia evaluadora, los artistas, por dar un ejemplo  tendrán que hacer lo mismo en su respectivo sistema. Pero los artistas son unos bohemios, y nosotros, los profesores, en cambio, somos seres racionales, aunque algunos nos ubiquemos en las ciencias blandas o lindemos con la poesía.  En definitiva, la resolución que haga el SNI de la valoración del trabajo que presentemos, definirá el estatus de cada aspirante: su ingreso, permanencia, escalada, mismo que tendrá un efecto definitivo sobre la forma en que este académico o académica es visto por sus colegas, por sus coetáneos, por sus alumnos, su círculo social, lectores, y lo que es peor, o mejor, por él o ella misma. 

Repensar la evaluación en la educación superior: trascender a la contingencia

Angélica Buendía Espinosa


La reforma educativa de la educación básica y media superior del país ha generado amplios debates en distintos foros. Uno de los principales cuestionamientos señala que no se trata de una reforma educativa sino de una transformación de las relaciones laborales de los maestros, fundamentada en la evaluación; pero sin un cambio profundo en el modelo educativo que ha sufrido vaivenes en los últimos años y que no logra concretarse en la mejora de la educación de las niñas y niños mexicanas. No obstante, a pesar de los argumentados análisis sobre los pros y los contras de la multicitada reforma educativa, de la decisiones anunciadas por el gobierno y los repliegues posteriores, la semana pasada se aplicó la respectiva evaluación a los profesores. Con todo y la resistencia de un sector del profesorado agrupado en la CNTE, el INEE informó que aproximadamente el 85% de profesores participó en el proceso. El debate en torno a la reforma educativa seguirá, no es para menos, así que nos esperan todavía largas jornadas de discusión y análisis sobre la educación básica y media superior mexicanas. Y mientras tanto ¿qué pasa con educación superior mexicana? A diferencia de la educación básica, las políticas públicas para el nivel superior han mostrado continuidad desde la llamada modernización de la educación superior. Fue en la década de los ochenta cuando se gestaron las primeras prácticas evaluativas derivadas del consenso de diversos actores, principalmente la SEP y la ANUIES, no por ello sin claras resistencias abanderadas en la injerencia en la autonomía universitaria; que se fueron desdibujando cuando se asoció la evaluación al financiamiento. Como han afirmado algunos expertos, cuando la zanahoria se volvió atractiva en sí misma o por las pésimas condiciones económicas por las que atravesaban varias instituciones públicas, se cedió a las tentaciones de la evaluación. A partir de entonces se ha configurado un diseño institucional complejo, con el fin último de mejorar la calidad de la educación superior, integrado por diversos organismos, programas e instrumentos cuya tarea principal ha sido evaluar y, en algunos casos, acreditar instituciones, programas educativos de licenciatura y posgrado, profesores, estudiantes e, incluso, la gestión. Entre los más importantes podemos citar a: SNI, PROMEP, PNPC, CIEES, organismos reconocidos por el COPAES, PIFI, PNPC, CENEVAL, FIMPES y, por supuesto la activa participación de la ANUIES, el CONACYT  y la SEP. 

¿Quién es el dueño de la reforma educativa?

Jorge Pérez Mejía



Al inicio de la gestión del titular del Ejecutivo Federal señalaba enfáticamente la Reforma Educativa “serviría para recuperar la rectoría del estado en esa materia, constituiría el instrumento básico para elevar la calidad de vida de las familias mexicanas e impulsar la transformación de México y su producto resultante, la educación de calidad se convertiría en una de las cinco grandes metas nacionales del siguiente régimen”. De hecho fue la primera reforma aprobada por el Congreso con los siguientes resultados en la cámara baja 421 contra 29 y en la cámara de senadores, 113 a 11, respaldo total a esta iniciativa presidencial. Esta reforma constitucional tiene como aspecto principal la evaluación docente y entonces se genera el Censo Educativo a cargo del Instituto Nacional de Estadística Geografía e informática (INEGI), se modifica la Ley General de Educación, se expiden las leyes del Servicio Profesional Docente y la del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE),  en relación  a este es importante destacar  que la –“Fracción IX del Artículo Tercero, por el que se creó el Sistema Nacional de Evaluación Educativa, coordinado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, definido como un “organismo público autónomo, con personalidad jurídica y patrimonio propio”, al que le corresponderá “evaluar la calidad, el desempeño y resultados del sistema educativo nacional en la educación preescolar, primaria, secundaria y media superior”.  Cabe recordar que la evaluación docente, que se comenzaría a aplicar en junio y julio de este año para determinar la permanencia de cientos de miles de maestros y maestras en sus puestos de trabajo, estaba en marcha, el INEE ha realizado un gran trabajo de planeación, de difusión de las características de la evaluación, tomando en cuenta al magisterio y lo más importante sus condiciones de trabajo, y el contexto socioeconómico de sus alumnos.

Novedades Editoriales

Prioridad a la enseñanza de las ciencias: una decisión política, Juan Carlos Tedesco