Notas de la semana

CREAR CREARSE, engendrar y dar vida a una obra viva Un libro de Francisco Pérez Cortés (2014, UAM-Xochimilco)

Luis Porter

Ilustración: Martha Flores

El campo de la educación para el diseño se debate entre tradiciones obsoletas e innovaciones no asumidas. Es, por tanto, un área educativa no resuelta, que requiere de urgente apoyo y una mayor claridad conceptual. Prevalecen prejuicios que afirman que para ser diseñador se requiere de talentos heredados y dones especiales; persisten dudas sobre la función creativa como una caja negra o una hoja en blanco llena de misterios, magias e inexplicables abismos. Estas ideas forman parte del ethos educativo que vuela sobre la improbable enseñanza del diseño, como pájaros oscuros sembrando incertidumbre en el estudiante que recién llega. El libro de Francisco Pérez Cortés aparece como una necesaria respuesta a estos interrogantes. Es un libro obligado para el investigador preocupado por el tema de la formación. Escrito en el lenguaje de la filosofía, ofrece múltiples elementos para que desentrañemos misterios y reconstruyamos el camino del creador, desde un profuso marco teórico, innumerables ilustraciones e inspiradores ejemplos. El texto es inabarcable en una primera lectura,  requiere ser escudriñado y releído; para estudiarlo a profundidad necesitaríamos acudir a un seminario de larga duración, y aún así no lo llegaríamos a agotar. Por esta razón, este artículo no pretende ser mas que una primera reacción, en forma de paráfrasis, escrita por un colega educador, que le da la bienvenida y celebra su aparición.

Profesores de tiempo repleto

Manuel Gil Antón





Las y los profesores "de asignatura", un enorme conjunto de académicos que trabajan a destajo, sostienen a las licenciaturas en México. Son muchos y sostienen la base del edificio. No tienen contratos de tiempo completo, pero laboran de tiempo repleto. De un salón a otro y de una escuela a la que sigue para completar, apenas, la quincena. Viven en gerundio: ando yendo de aquí para allá dando clases a diario. La Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, ANUIES, dio a conocer, hace unos días, datos preliminares de un estudio sobre el enorme conjunto de académicos que, trabajando a destajo, sostienen a las licenciaturas en México: los y las profesoras “de asignatura”. Pronto podremos estudiarlo a fondo, pero los avances dados a conocer (los “cortos” de la película por venir) muestran que es urgente atender un grave problema en el espacio laboral de las instituciones de educación superior (IES): se ha conformado un sistema tan estratificado que, por momentos, parece corresponder al de las castas. En lo más alto de la pirámide se hallan los profesores de tiempo completo. Quizá sean 25% del total. Si en todas las IES del país (públicas y privadas, federales, estatales, tecnológicas y normales) trabajan cerca de 340 mil académicos, alrededor de 85 mil tienen un vínculo laboral que asegura 40 horas de trabajo a la semana. Como dice el sabio: si hasta en los microbuses hay rutas, es preciso aclarar que no todos los colegas de tiempo completo son iguales. Cerca de 23 mil son la crema y nata del oficio, pues además de contar con un contrato estable, obtienen bonos en sus instituciones y reciben aún más dinero al ser parte del Sistema Nacional de Investigadores, el SNI. Hay una tendencia en este sector: a mayores honores y privilegios, es necesario huir de la enseñanza en los niveles básicos. La licenciatura es un terreno que pocos visitan. No me quemé las pestañas, estudiando un doctorado en Harvard, para dar clase a los alumnos de los primeros semestres. Son muchos y estorban para lograr una carrera académica “deseable”. En todo caso, me dedicaré al posgrado.

Discurso de recepción del Doctorado Honoris Causa en la Universidad Autónoma de Nuevo León

José Emilio Pacheco
Durante medio siglo he intentado hacer algo en todos los terrenos abiertos a la invención literaria. No obstante, se me negó el don que más quisiera poseer esta mañana: la capacidad de escribir un discurso a la altura de mi agradecimiento. El privilegio que me da la Universidad Autónoma de Nuevo León excede con mucho mis posibles méritos. Espero ser realmente digno de él algún día. Una y otra vez durante todos estos largos años, Monterrey ha sido más que generoso conmigo. Contra toda esperanza, pues ya ni el tiempo ni las circunstancias juegan a mi favor, agradezco este voto de confianza y prometo que me esforzaré por dar todavía unos cuantos libros que ojalá compensen lo que me han dado Monterrey y su Universidad Autónoma de Nuevo León. Ahora que se inician las conmemoraciones por sus 76 años, vemos hasta qué punto la UANL ha cumplido con creces los compromisos que le asignó Alfonso Reyes en su siempre recordado Voto por la Universidad del Norte. En mayo celebramos los 120 años de su nacimiento. En diciembre volveremos a evocarlo en el cincuentenario de su muerte. Llevamos medio siglo sin su presencia terrenal, pero él no se aleja nunca. Por obra de sus libros aún está entre nosotros, nos acompaña y todavía tiene mucho que decirnos. Entre el Voto por la Universidad del Norte y su regreso definitivo a México en 1939, don Alfonso escribió una serie de ensayos que no tuvieron antecesores ni continuadores en la vastedad y la multiplicidad de su trabajo. Menciono al menos tres de estos ensayos: “Atenea política”, “Homilía por la cultura” y “Posición de América”.

El expediente SNI como parte de una necesaria cultura archivística

Luis Porter

Fuente: fotografías de Luis Porter

La vida académica contemporánea, se ha visto estremecida por lo que po-dríamos llamar la “cultura de la evaluación”. Se han multiplicado las instan-cias que ejercen su particular presión para que convirtamos nuestro trabajo académico, en formas posibles de ser evaluadas. Lo que en este artículo abordaremos surge de este necesario o inevitable sometimiento al que estamos obligados para poder avanzar en nuestras carreras. La reciente elaboración de mi propio expediente a ser considerado este año por el SNI, me dejó una experiencia junto a una serie de reflexiones, alguna de las cuales quiero compartir con los lectores de Laisum, muchos de los cuales no estarán exentos de pasar por situaciones semejantes. El mundo es complejo, los campos del conocimiento también lo son, pero a la postre, los que se presentan como académicos investigadores, intelectuales o científicos, habrán sido ubicados en uno de los tres niveles al que el SNI termina destinándonos. Es cierto, no es la única instancia evaluadora, los artistas, por dar un ejemplo  tendrán que hacer lo mismo en su respectivo sistema. Pero los artistas son unos bohemios, y nosotros, los profesores, en cambio, somos seres racionales, aunque algunos nos ubiquemos en las ciencias blandas o lindemos con la poesía.  En definitiva, la resolución que haga el SNI de la valoración del trabajo que presentemos, definirá el estatus de cada aspirante: su ingreso, permanencia, escalada, mismo que tendrá un efecto definitivo sobre la forma en que este académico o académica es visto por sus colegas, por sus coetáneos, por sus alumnos, su círculo social, lectores, y lo que es peor, o mejor, por él o ella misma. 

Rompiendo el silencio. Un breve recuento para comenzar

Eduardo Ibarra Colado

Fotografía de Luis Porter y edición de Carlos Arenas

Dos años

Colaboradores del LAISUM

Muy a menudo pensamos en Eduardo Ibarra. Lo hacemos cuando se nos presenta una disyuntiva, cuando hay que tomar una decisión, cuando intentamos poner en orden nuestras ideas, o nuestros papeles, o un evento; al revisar un artículo, al repetir en la mente algunos de sus consejos. Son muchas las ocasiones en las que sentimos la falta de Eduardo. Después de evocarlo, sobreviene el silencio, y nos quedamos hablando con nosotros mismos, como auto consultándonos, y en nuestra propia voz distinguimos la suya, dialogando con nosotros. Nuevamente ha llegado el mayo primaveral, el aniversario de su partida. No queremos volver a despedirnos, ya lo hicimos, preferimos mejor darle una bienvenida, a la vista de sus lectores, agradeciendo su constante compañía. Presencia real porque está en nosotros, dentro y fuera. Lo saludamos desde el hoy, porque nos gusta mirar hacia adelante. Después de todo, esa fue nuestra tarea y nuestro juego en los últimos años de trabajo conjunto: imaginar el futuro que nos sitúa en esa dimensión ilusoria, que nos transporta, como lo puede hacer un dibujo o una canción, a un espacio que no terminamos de comprender a “ciencia cierta”. Y eso va bien con nosotros que miramos de soslayo ese tipo de explicaciones, y nos sentimos más cómodos en el camino de las emociones, pensando en un homenaje imposible de resolver desde la mente, pues reclama lo humano. Como adultos que seguimos teniendo la dicha de seguir yendo a la universidad, nos damos cuenta que cada día tiende a imitarse a sí mismo, que cada año tiende a imitarse a sí mismo; y así han pasado estos dos, como si los hubiéramos repetido, porque el hombre (dijo Hegel) existe una vez, pero también existe para sí mismo. Esta dualidad del ser humano es la que lo hace omnipresente, como si dictara desde alguna parte instrucciones para construir una obra de arte, para “externar lo que es” y para encontrar en ello “un reflejo de sí mismo”. Hay que aceptarlo: nos vamos, se van, nos iremos, pero la huella que dejamos sigue viva en esa estela, en ese surco de agua marcado por la espuma que fue nuestra vida.  Recordamos a Eduardo Ibarra, y junto a él a Daniel Cazés. Los homenajeamos desde las marcas y los reflejos que nos dejaron. Nos miramos en ellos porque fueron nuestros amigos queridos.  Hoy son imágenes que siguen invitándonos a reconocer en nosotros algo de lo que no habíamos caído en cuenta. 

Hoy, a dos años, compartimos un texto de Eduardo que es vigente y que no sinvita a reflexionar sobre las políticas, la evaluación, el financiamiento....¡Que razón tienes querido amigo!

Los nuevos movimientos estudiantiles

Miguel Casillas


Introducción

Desde el año 2012 hemos sido testigos de la aparición de un nuevo tipo de movimientos estudiantiles que, aunque guardan muchas semejanzas y comparten características con los de otras épocas, se caracterizan por nuevos rasgos. Siguen siendo movimientos alegres e irreverentes por su condición juvenil, mantienen los tradicionales procedimientos de acuerdos en asambleas por escuela y asambleas generales, cuestionan el statu quo con frescura, y siguen desconfiando de la autoridad escolar y, más aún, del gobierno.  Los casos cuyos rasgos constitutivos trataremos de identificar son: #Yosoy132, Normal de Ayotzinapa, Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) e Instituto Politécnico Nacional.

#Yosoy132

Este movimiento se inició cuando el entonces candidato priista a la presidencia, Enrique Peña Nieto, asistió a la Universidad Iberoamericana en 2012 y, al salir del auditorio, un grupo de estudiantes le reclamó haber llenado una buena parte del edificio con personas vestidas de rojo, impidiendo con ello que ingresaran más alumnos; éstos protestaban también contra los hechos represivos y la violación de los derechos humanos en Atenco. El candidato del PRI y su aparato descalificaron la actuación de los estudiantes, tachándolos de acarreados y porros. Poco después, 131 estudiantes de esa universidad elaboraron un video que subieron a las redes sociales y que tuvo enorme impacto; en él repudiaban al PRI y sus descalificaciones. En otras ciudades, los gobiernos de ese partido reprimieron las expresiones estudiantiles y juveniles que se oponían a Peña. Días después, una manifestación muy espontánea integrada por estudiantes de universidades privadas convocó a cientos de jóvenes que se autoproclamaron el estudiante 132, en solidaridad con los jóvenes de la Ibero. En paralelo, a través de los medios electrónicos se convocó (en tan sólo unos cuantos días) a una manifestación de jóvenes encabezados por estudiantes de la UNAM y del IPN en el D. F., así como por estudiantes de las universidades públicas en casi todos los estados, en contra de Peña Nieto y de los medios, sobre todo contra la cadena Televisa. El movimiento convocó a muchos actos más; sin embargo, el más significativo fue el debate entre candidatos a la presidencia (al que Peña Nieto no asistió) y que fue transmitido por youtube a través de internet con más de cien mil visitantes que lo siguieron en vivo.

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